Elizabeth Ortega
Había una vez un virus chiquito, tan pero tan chiquito que no se podía ver. Solo lo podían ver los científicos que trabajan con unos microscopios que son aparatos especiales para ver cosas muy pequeñas. Este virus se llamaba Adenovirus, pero un día algo extraordinario pasó… el virus se hizo grande y pudo platicar con las personas de algo que lo aquejaba enormemente.
El adenovirus sufría mucho porque veía que todo mundo decía que los virus son malos. —Yo no soy malo — contestaba siempre; solo necesito entrar en una persona y usar sus células para poder producir más virus y sobrevivir, ¡pero no quiero causar daño! —¿Entonces, por qué nos enfermas? — Le gritaban unos niños que estaban cerca. No, de verdad no quiero causar daño, pero no puedo evitar que las células que infecto se destruyan, esas son células de sus pancitas o de sus gargantas y se sienten mal, ¿cierto? ¡Ahora entiendo porque nadie me quiere! — Llorando el Adenovirus se alejó.
El virus anduvo solo por mucho tiempo, escondiéndose de las personas, temiendo que las encontrara y las enfermara. ¡No quería ser malo!
Una persona lo estaba buscando, era una científica. El Adenovirus estaba seguro de que la científica lo andaba buscando para inactivarlo. ¿Qué más se podía esperar si él no hacía más que enfermar a las personas? ¡Especialmente a los niños!
Cuando la científica lo encontró, sucedió algo inesperado. La científica no lo atacó; de hecho, al verlo tan triste le dijo: ¿qué te pasa virus?
¡Soy un virus malo!, enfermo a los niños y a veces a los adultos, — respondió el virus con tristeza — ¡nadie me quiere!
La científica le dijo que ciertamente los virus causaban enfermedad a los niños, pero en realidad eso no era tan malo.
¡¿Pero qué tiene de bueno enfermarse?! —Contestó el Adenovirus con asombro —.
Al enfermarnos de forma ligera, con una gripa o un dolor estomacal, hacemos que nuestro sistema inmune se fortalezca para enfrentar a virus que pueden causar más daño —respondió la científica -.
El Adenovirus no entendía muy bien eso de que enfermarse preparaba al sistema inmune para vencer peligros más grandes, pero la científica le explicó que el sistema inmune es una especie de Ejército con muchos soldados que cada vez que pelean una batalla se vuelven mejores para luchar contra enemigos cada vez más poderosos.
Pero todavía había otra cosa que el Adenovirus no sabía. ¡Tú no eres un adenovirus normal! ¡Eres un virus mutante! —Dijo la científica—.¿Un muta-qué?, —Preguntó el Adenovirus aterrado—.
Eso sonaba todavía peor que ser un virus malo, ¡quizá era el virus más malo de todos! Tal vez el estar mutado lo hacía más peligroso.
No, mi querido virus —explicó la científica — los Adenovirus como tú solo enferman a la gente de forma muy leve, pero, además, te cambiamos un poquito en el laboratorio. En lugar de tus proteínas, te pusimos unas proteínas de un virus peligroso que hace poco causó una pandemia y mató a muchas personas al enfermarlas de COVID, se trata del SARS-CoV-2, mejor conocido como Coronavirus. Si te miras al espejo verás que te pareces a él.
¿Entonces también soy malo? —Preguntó el Adenovirus —.
¡Claro que no! —Respondió la científica —, tú ni siquiera enfermas a los niños pero entras en ellos, te multiplicas y llamas la atención de los soldados del sistema inmune. El sistema inmune entrenará contigo, con ese entrenamiento unos soldados llamados células dendríticas (que parece que tienen grandes dedos), le mostrarán tu foto a todos, pero tú te pareces más al coronavirus.
¡Ahora entiendo todo! —Respondió el Adenovirus —, los soldados me verán a mí, ¡pero pensarán que soy el Coronavirus!
¡Así es! —respondió la científica —. Después, cuando el verdadero Coronavirus entre al cuerpo de las personas, el sistema inmune tendrá listas unas armas, llamadas anticuerpos, para vencer a los Coronavirus y que ya no nos causen más enfermedad. Así que tú, mi pequeño virus, no eres malo, eres una vacuna y salvarás la vida de muchas personas.
Pequeño Adenovirus ¡eres un héroe!

