Erika A. Santiago González1, Christian E. Méndez Coronel1,2.
- Club de Ciencia & OpenLab, Fundación Sembrando la Ciencia en los Niños
- Laboratorio de Neuropsiquiatría y Neurotoxicología Traslacional, Instituto de Neurobiología, Universidad Nacional Autónoma de México
Resumen
Hoy vivimos una epidemia de padres ausentes, atrapados en sus pantallas mientras están junto a sus hijos. Los clásicos experimentos de Harlow advierten que sustituir el afecto por «niñeras digitales» daña el desarrollo cerebral, causando ansiedad, insomnio y retrasos en el lenguaje. Es un llamado urgente a soltar el celular y recuperar la conexión emocional real que ninguna tableta puede ofrecer.
En la década de 1950, el psicólogo Harry Harlow realizó una serie de experimentos que modificaron la comprensión del apego y su relevancia en etapas tempranas de la vida. Empleando crías de mono rhesus (macaca mulatta), demostró que el afecto y el contacto físico son tan fundamentales para el desarrollo vital como lo es la alimentación (Suomi et al., 2008).
En sus estudios se ofrecía a las crías elegir entre una madre artificial de alambre que proporcionaba alimento y otra cubierta de felpa que no ofrecía alimento, observando como resultado que las crías preferían aproximarse a la madre suave y acolchonada pese a no ofrecer alimento. Desde entonces se ha sugerido que el contacto físico es fundamental tanto para el desarrollo psicológico (sensación de seguridad/protección, establecimiento de vínculos afectivos) como el biológico (neurodesarrollo, regulación hormonal).
En la actualidad, muchos niños enfrentan una nueva forma de abandono, no sólo físico, sino emocional. Padres y cuidadores primarios que por distintas razones (jornadas laborales prolongadas, enfermedades crónicas, negligencia, etc.) se encuentran ausentes, recurren a dispositivos electrónicos como "niñeras digitales". Siendo así celulares, tabletas electrónicas y consolas de videojuegos las principales influencias cognitivas y emocionales con las que los infantes se desarrollan. Esto genera a mediano y largo plazo consecuencias como disregulación emocional, retraso en el desarrollo del lenguaje y déficits en las habilidades sociales(Lissak, 2018).
El abandono que no se ve
La presencia física de un cuidador no garantiza la atención de las necesidades cognitivas y afectivas básicas de un infante. Debido al estilo de vida moderno (caracterizada por un ritmo acelerado e hiperdigitalización), el acompañamiento de muchos infantes se ha vuelto pasivo y distante, marcado por la coexistencia silenciosa entre padres e hijos. Esta otra forma de abandono no se presenta corporalmente, sino mediante la desconexión emocional y la ausencia de interacciones recíprocas.
De acuerdo con la teoría del apego, desarrollada por John Bowlby(van Rosmalen et al., 2020), los vínculos afectivos tempranos no solo generan seguridad emocional, sino también estructuran los pensamientos y creencias con las que el infante interpretará el mundo, regulará sus emociones y se relacionarán interpersonalmente.
Paralelamente, desde una perspectiva biológica, se ha sugerido que cuando los cuidadores primarios no responden de forma sensible y contingente a las necesidades básicas del niño, se deteriora la maduración de circuitos cerebrales implicados en la autorregulación, el control inhibitorio y la empatía(Lissak, 2018).
Múltiples estudios en Neurobiología del Desarrollo y Neurobiología Conductual han sugerido que la interacción cara a cara, el juego simbólico, la comunicación espontánea y el contacto afectivo estimulan núcleos cerebrales clave para la regulación emocional y el aprendizaje social, tales como la corteza prefrontal y la amígdala. Por otro lado, la exposición prolongada y no regulada a pantallas priva de tales efectos a los infantes, producto de la negligencia emocional asociada a este otro tipo de abandono.
Pese a que los efectos sobre el desarrollo psicológico y neurodesarrollo no son identificables de manera inmediata y a simple vista, estos pueden manifestarse más tarde a través de problemas comportamentales (agresividad, retraimiento social, etc.) y emocionales (tendencias ansiosas y/o depresivas, labilidad emocional, etc.).
Si bien las herramientas digitales ofrecen ventajas y bondades para la ejecución de distintas tareas, éstas no sustituyen el valor de la interacción humana durante la crianza. La privación de uno o más elementos de la interacción, no sólo empobrece la experiencia emocional del niño, sino que también puede dejar huellas en la “arquitectura cerebral”;entorpeciendo la adquisición de habilidades cognitivas básicas y la capacidad de establecer vínculos sociales saludables.
Consecuencias específicas sobre el desarrollo vital
El uso excesivo y no supervisado de dispositivos digitales en la infancia temprana no es un fenómeno neutro. Diversos estudios neuropsicológicos han documentado cómo la sobreexposición a pantallas puede alterar la trayectoria natural con la que madura el cerebro, produciendo consecuencias en múltiples dominios del funcionamiento infantil tales como:
● Retrasos en el desarrollo del lenguaje. La adquisición del lenguaje es un proceso interactivo que depende del diálogo, la repetición y la retroalimentación contingente. Estudios longitudinales han demostrado que un tiempo excesivo frente a pantallas en menores de tres años se asocia con un menor vocabulario expresivo y dificultades en la comprensión verbal.
● Problemas de atención. La naturaleza rápida y altamente estimulante de los contenidos digitales puede afectar la capacidad de atención sostenida. El cerebro infantil se adapta y moldea de acuerdo a los ritmos externos. La sobreexposición a estímulos rápidos y cambiantes puede generar un patrón de búsqueda constante de gratificación inmediata, así como reducir la tolerancia al aburrimiento. Tales alteraciones se han vinculado con un incremento en el número de diagnósticos de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en contextos clínicos.
● Empobrecimiento de habilidades socioemocionales. Habilidades como la empatía, la lectura de señales no verbales y la autorregulación emocional se desarrollan mediante interacciones cara a cara. Cuando ésta se ve reemplazada por estímulos unidireccionales (tales como pantallas), el desarrollo de la inteligencia emocional se ve comprometido. Los niños expuestos prolongadamente a medios digitales tienden a mostrar menor capacidad para interpretar emociones ajenas, resolver conflictos interpersonales y expresar sus propios sentimientos de forma adaptativa.
● Trastornos del sueño y alteración de ritmos biológicos. Se ha reportado que la luz azul emitida por las pantallas inhibe la producción de melatonina, hormona que induce el sueño durante la fase de oscuridad en el ciclo sueño-vigilia. Además, la hiperestimulación audiovisual antes de dormir puede reducir la calidad del descanso. Particularmente, los problemas de sueño durante la infancia se han asociado con déficits en la consolidación de la memoria, el control emocional y el crecimiento físico.
● Sintomatología de tipo ansioso y comportamientos disruptivos. La ausencia de una figura protectora y reconfortante (dado el abandono emocional) puede devenir en una administración deficiente de las emociones experimentadas por el infante, lo cual favorece el desarrollo de sintomatología ansiosa o comportamientos disruptivos. En ausencia de contención emocional adulta, los dispositivos electrónicos pueden funcionar como un paliativo temporal; sin ellos, el niño puede mostrarse ansioso, con malestar emocional, pensamientos obsesivos o conductas agresivas entre otras problemáticas de relevancia clínica. Este tipo de respuestas han sido asociadas con la disregulación de la respuesta fisiológica del estrés. Los infantes pueden desarrollar síndrome de abstinencia al estar privados de dispositivos electrónicos, tal hecho promueve un incremento en la concentración de cortisol (principal hormona relacionada con el estrés) y noradrenalina (hormona y neurotransmisor asociado a estrés) en el organismo, cuando tales concentraciones son exacerbadas el organismo es más susceptible de experimentar mayor ansiedad, impulsividad y/o agresividad(Oflu et al., 2021).
Conclusión
Los hallazgos de Harlow sugieren un hecho sumamente relevante sobre el desarrollo humano: el afecto, el contacto físico y la contención emocional no son “lujos afectivos”, sino necesidades primarias tan esenciales como el alimento. Hoy, más de seis décadas después, la naturaleza del abandono y negligencia parental se ha manifestado de distintas formas, entre ellas el “otro abandono” . No siempre se presenta como ausencia física, sino también de formas más sutiles y poco visibles de desvinculación emocional y cognitiva, en muchas ocasiones producto del uso excesivo y no regulado de dispositivos electrónicos.
En este nuevo escenario, los niños pueden estar acompañados, pero no contenidos emocionalmente. Pueden estar rodeados de pantallas, pero privados de afecto significativo. Tal desvinculación entre presencia física y soporte emocional plantea riesgos concretos para el desarrollo afectivo, lingüístico, social y neurológico durante etapas tempranas de la vida.
Frente a los efectos adversos que promueve este otro tipo de abandono, resulta pertinente promover estrategias basadas en evidencia que favorezcan un entorno que cubra las necesidades cognitivas y afectivas de los infantes en desarrollo. Estas intervenciones deben centrarse en fortalecer los vínculos primarios, recuperar el valor del tiempo compartido y fomentar prácticas que estimulen la interacción humana significativa.
El restaurar la figura del adulto como figura de protección y soporte emocional podría contrarrestar los efectos del abandono emocional, promoviendo así de esta forma una mejor calidad de vida para futuras generaciones. La promoción de condiciones necesarias para un desarrollo integral (en el que los infantes puedan crecer, aprender y vincularse de manera sana y segura) es un reto social y psicoeducativo de relevancia al cual deberíamos prestar atención como comunidad. Invitamos al lector a la reflexión y construcción de mejores condiciones sociales que mejoren la calidad de vida de las futuras generaciones.
Referencias:
- Lissak, G. (2018). Adverse physiological and psychological effects of screen time on children and adolescents: literature review and case study. Environmental Research, 164, 149-157. https://doi.org/10.1016/j.envres.2018.01.015
- Oflu, A, Tezol, O., Yalcin, S., Yildiz, D., Caylan, N., Ozdemir, D.F., Cicek, S. & Nergiz, M.E. (2021). El uso excesivo de pantallas está asociado con labilidad emocional en niños preescolares. Archivos Argentinos de Pediatría, 119(2), 106-113. http://dx.doi.org/10.5546/aap.2021.106
- Suomi, S.J., van der Horst, F.C.P. & van der Veer, R. (2008). Rigorous experiments on monkey love: an account of Harry F. Harlow’s role in the history of attachment theory. Integrative Psychological & Behavioral Science, 42(4), 354-369. https://doi.org/10.1007/s12124-008-9072-9
- van Rosmalen, van der Veer, R. & van der Horst, F.C.P. (2020). The nature of love: Harlow, Bowlby and Bettelheim on affectionless mothers. History of Psychiatry, 31(2), 227-231. https://doi.org/10.1177/0957154X19898997

