Erika A. Santiago González1;a., Christian E. Méndez Coronel1,2;b.
1.Club de Ciencia & Open Lab
2. Laboratorio de Neuropsiquiatría y Neurotoxicología Traslacional, Instituto de Neurobiología, Universidad Nacional Autónoma de México
a. aleejandraacoree@gmail.com
b. chris.mendezcoronel@gmail.com
Resumen
Este trabajo explora cómo los talleres de ciencia y tecnología pueden convertirse en espacios de aprendizaje, juego y bienestar para niños y jóvenes que viven en contextos vulnerables. A través de actividades prácticas, dinámicas y participativas —como usar microscopios, experimentar y resolver problemas— los niños no solo aprenden ciencia, sino que fortalecen su autoestima, curiosidad y habilidades socioemocionales. Estos talleres fomentan la neuroplasticidad, el pensamiento crítico y el sentido de pertenencia, ayudando a resignificar experiencias difíciles. La experiencia muestra que “aprender haciendo” despierta entusiasmo, motiva a seguir estudiando y abre nuevas posibilidades de desarrollo personal y social.
Introducción
Ante situaciones de vulnerabilidad social, niños y jóvenes enfrentan múltiples desafíos que afectan su bienestar físico, social y mental. Frecuentemente, los jóvenes en tales condiciones encuentran barreras educativas y, posteriormente, laborales que limitan su plan de vida, orillándoles en ocasiones a perseguir caminos donde no explotan todo su potencial o donde no se sienten realizados.
Los niños y adolescentes que viven en contextos vulnerables (por ejemplo, orfanatos, comunidades de escasos recursos o la indigencia) pueden desarrollar diversos problemas conductuales y emocionales que afectan su desarrollo vital. Dentro de las manifestaciones más frecuentes destacan: sentimientos de ira, inseguridad e incompetencia, agresividad, aislamiento social, problemas de atención, conductas de riesgo (p. ej. abuso desustancias) y fluctuaciones constantes en el estado de ánimo (Omari et al.,2021; Galicia & Ticum, 2004) .
Estos problemas conductuales y emocionales suelen estar ligados a pensamientos e ideas desadaptativos, que dificultan su desarrollo psicosocial. Sin embargo, el enriquecimiento ambiental y el establecimiento de comunidades que ofrecen sentidos de identidad y pertenencia constituyen estrategias efectivas para fomentar una evolución positiva en los jóvenes. Este tipo de intervenciones gesta espacios donde los pensamientos e ideas disfuncionales pueden ser resignificados por otros más sanos teniendo un potencial terapéutico evidente.
Posible fundamento neurobiológico del impacto positivo de los talleres.
La integración social y el enriquecimiento delos talleres no solo facilita el aprendizaje, sino que puede promover efectos potencialmente benéficos en el neurodesarrollo de los niños, principalmente neuroplasticidad.
La neuroplasticidad permite la “adaptación cerebral” mediante el establecimiento de nuevas conexiones neuronales en respuesta a experiencias significativas, especialmente en etapas como la infancia y la adolescencia que son fundamentales para el neurodesarrollo. Al participar en actividades de experimentación, manejo de equipo científico y resolución de problemas, los infantes incrementan su reserva cognitiva mediante la activación de núcleos cerebrales asociados con el aprendizaje, el pensamiento crítico y la creatividad.
Un informe publicado por el Journal of Adolescence destaca que la participación en actividades extracurriculares con un importante componente kinestésico (p. ej. talleres de arte y deportes) mejora significativamente el bienestar emocional en jóvenes, reduciendo sintomatología de depresión y ansiedad (Wang, Li, & Yao, 2024).
Con base en tal hallazgo se decidió promover interacción dinámica con el material de trabajo, ya que al manipular herramientas y participaren tareas kinestésicas asociadas a temas previamente abordados, los niños activan múltiples núcleos cerebrales, fortaleciendo así múltiples funciones cognitivas como atención, memoria y resolución de problemas. Además, el aprendizaje a través de la práctica no solo contribuye a una mejor retención de información, sino que fortalece el pensamiento crítico, la resiliencia y la sensación de logro, habilidades esenciales para el desarrollo integral de los niños y su bienestar a largo plazo.
Aunque los beneficios del trabajo realizado se han observado cualitativamente, hipotetizamos que tales podrían fundamentarse en factores neurobiológicos específicos (p. ej. cambios en la conectividad funcional). Por ello, como perspectiva futura se plantea realizar evaluaciones psicométricas y/o de neuroimagen que permitan cuantificar el efecto de los talleres sobre el bienestar psicológico y la neurobiología de los infantes. Tales estrategias permitirían una evaluación más integral y objetiva en la evolución de cada niño. En caso de obtener evidencia que respalde cuantitativamente la efectividad de nuestra propuesta, se denotará la pertinencia de replicar el modelo de talleres infantiles como método intervención social, procurando adaptarlo lo mejor posible a las necesidades delos participantes. Se invita a más grupos e instancias a hacer uso de estas estrategias para promover mejoras cognitivas y emocionales en niños y jóvenes vulnerables.
La importancia de un enfoque activo y dinámico para inspirar el futuro
Durante el proceso de enseñanza-aprendizaje es fundamental que los aprendices no constituyan agentes pasivos, sino que puedan aprender mediante la experiencia directa, facilitando así la significancia del aprendizaje. Con base en lo anterior, los talleres realizados fueron centrados hacia la práctica y el dinamismo de actividades, diferenciándose así de métodos tradicionales de enseñanza donde se denota la pasividad de los aprendices(Cambridge International, 2019).
Gracias a la donación de recursos educativos que incluyen libros, microscopios infantiles y distintos materiales didácticos para los talleres, se enseñó a los niños a utilizar herramientas empleadas en la investigación científica y el desarrollo tecnológico (p. ej. microscopios), promoviendo el aprendizaje mediante la praxis. Este enfoque metodológico favorece una mayor atención, consolidación del aprendizaje y comprensión de conceptos básicos, en comparación con estrategias de enseñanza pasivas.
Esta mayor efectividad se fundamenta en que el aprendizaje mediante la experiencia estimula la participación y el compromiso de los estudiantes, lo cual consecuentemente puede implicar mayor motivación escolar y prevenir futuras deserciones escolares. Particularmente, los jóvenes con perfiles de tipo depresivo y ansioso pueden verse beneficiados por este tipo de intervenciones, ya que en estos espacios pueden desarrollar distintas habilidades socioemocionales a la par que experimentan su proceso de aprendizaje.
Paralelamente a los talleres, se fomentó el interés por disciplinas científicas y tecnológicas, con el objetivo de motivar a los niños a explorar estas áreas y considerar futuras oportunidades en ellas. Este enfoque resulta esencial, ya que permite a los niños y jóvenes experimentar empoderamiento y confianza en sí mismos, abriendo nuevas posibilidades para su desarrollo. Creemos firmemente que la ciencia y la tecnología pueden ser fuentes de motivación en la vida de infantes y adolescentes, proporcionando no sólo conocimiento, sino también un sentido de propósito como agentes de cambio en la sociedad.
Talleres de ciencia y tecnología como herramienta de intervención social
Con base en lo anterior se planteó un proyecto de talleres de ciencia y tecnología para niños en orfanatos y comunidades de escasos recursos (donde se incluyen infantes en situación de indigencia), cuyo objetivo fue generar enriquecimiento académico en los niños. Además, se pretendió generar en cada taller un espacio ameno en el que los niños pudieran redescubrir su potencial y desarrollar nuevas pasiones e intereses.
El trabajo realizado en cada sesión se centró en la atención de tres ejes fundamentales: el psicológico, el social y el educativo. Con respecto al primero se pretendía promover de manera indirecta una mejoría en el bienestar emocional de los infantes. En el caso del segundo eje la meta radicó en la inclusión de los niños, reduciendo así la brecha social que les podría alejar de la ciencia y la tecnología. Por último, académicamente, se pretendía generar en los chicos mayor curiosidad y motivación por continuar con su formación escolar.
Resultados cualitativos
Tras tres años de trabajo continuo con Fundación Yolia Niñas de la Calle A.C. y comunidades aledañas, se observaron cambios en la actitud y comportamiento de los niños, quienes transicionaron de mostrar apatía a involucrarse de manera más activa durante los talleres.
Al inicio de cada taller era común que los niños de reciente unión se mostraran inseguros o poco interesados. Sin embargo, a medida que el taller transcurría, los niños incrementaban su participación pues reportaban entusiasmo por participar en las actividades. En algunos casos la integración puede darse por imitación, en la que los infantes menos participativos ven como modelo a aquellos de mayor involucramiento en las actividades realizadas.
Al final de las sesiones era frecuente que los infantes expresaran curiosidad por algunos temas, formularan preguntas y, en algunos casos, proponían ideas para futuros talleres. Esto sugiere que los talleres no solo captaron el interés momentáneo de los niños, sino que también se les motivó a continuar aprendiendo sobre temáticas nuevas (véase Figura 1).
Quizá uno de los factores fundamentales para conseguir tal involucramiento e interés es la diversidad de áreas abordadas. Dada la idiosincrasia de los niños, y que cada uno puede desarrollar intereses distintos, se optó por ejecutar talleres de diversas disciplinas como: Biología, Física, Química, Robótica y Programación. Independientemente del área, en cada sesión se estableció la premisa fundamental «tocar y hacer son las mejores formas de aprender», incentivando así en los infantes el aprendizaje mediante la experiencia
Conclusiones
Tras la obtención de resultados positivos se concluye que la integración de infantes vulnerables mediante talleres de ciencia y tecnología puede funcionar como un catalizador de cambio positivo, no sólo en el contexto educativo, sino también en el psicosocial ya que se permite el aprendizaje a través de la libre exploración. Además, se ha facilitado la construcción de un sentido de identidad y pertenencia en los infantes al interior de su comunidad (véase Figura 2).
Este tipo de actividades extracurriculares no sólo amplía sus horizontes, sino que también contribuye a un adecuado desarrollo cognitivo y emocional. De esta forma se pretende promover la adquisición de recursos intrapersonales que faciliten la funcionalidad durante la vida adulta, potenciando la resiliencia y capacidad de adaptación ante distintas adversidades.
Referencias
- Galicia, M.L. & Ticum, E.C. (2004). Síntomas de depresión infantil en niñas comprendidas entre las edades de 12 y 13 años, internas en el centro «Mi Hogar», El Manchén, Antigua Guatemala [Tesis de Licenciatura]. Universidad de San Carlos de Guatemala.
- Cambridge International. (2019). Active learning. Cambridge Assessment International Education.
- Omari, F., Chrysanthopoulou, S.A., Embleton, L.E., Atwoli, L., Ayuku, D.O., Sang, E. & Braitstein, P. (2021). The impact of care environment on the mental health of orphaned, separated and street-connected children and adolescents in western Kenya: A prospective cohort analysis. BMJ Global Health, 6(3). https://doi.org/10.1136/bmjgh-2020-003644
- Wang, W., Li, W. & Yao, J. (2024). The relationship between participation in extracurricular arts and sports activities and adolescents’ social and emotional skills: An empirical analysis based on the OECD Social and Emotional Skills Survey. Behavioral Sciences, 14(7). https://doi.org/10.3390/bs14070541

