MEDICAMENTOS PARA LA DEPRESIÓN, ¿A FAVOR O EN CONTRA?

Gregoreo Centeno Hoil 1,3 , Damaris Francis Estrella Castillo2 , Andrea Morales Robles1 ,
Mario Alberto Ramírez Camacho3 , Héctor Armando Rubio Zapata2.

  1. Posgrado Institucional en Ciencias de la Salud, Universidad Autónoma de Yucatán.
  2. Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Yucatán.
  3. Centro de Información de Medicamentos y Farmacia Clínica, Facultad de Química, Universidad Autónoma de Yucatán.

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Resumen

La depresión es una tormenta química real en tu cerebro, no una debilidad de carácter. Este artículo te lleva al interior de tus neuronas para explicar cómo los antidepresivos reajustan sustancias vitales como la serotonina y la dopamina.

Es natural que una persona alterne emociones de alegría y tristeza durante el día, cuyas causas pueden ser externas y/o internas. Cuando estas emociones se alternan de forma equilibrada se dice que presenta un estado eutímico. Cuando gana la tristeza, apatía o desgano, se conoce como distimia o depresión; por el contrario, cuando la persona está hiperactiva, sobre estimulada, se conoce como manía.

Entonces, ¿cuándo la tristeza “normal” se convierte en depresión?

A lo largo del tiempo se han propuesto diferentes mecanismos neurobiológicos y fisiopatológicos para la depresión endógena, aquella que aparece sin causa aparente, entre los que figuran disfunciones neuroendocrinas, cambios neuroanatómicos, alteraciones genéticas e incluso adaptaciones vasculares e inmunológicas (Marin Sandoval et. al, 2024). Una de las teorías más estudiadas y aceptadas dentro de la comunidad científica, y la que por mucho tiempo se pensó era la única causa, es la teoría de la disfunción monoaminérgica, protagonizada por los neurotransmisores dopamina, noradrenalina y, especialmente, serotonina. Estas sustancias, pertenecientes al grupo de las monoaminas, tienen efecto sobre el estado de ánimo, la conducta, la motivación, la función mental e incluso la función motriz del individuo (Guadarrama et. al, 2006). Bajas concentraciones de estas sustancias en el espacio sináptico, donde se lleva a cabo la transmisión de información entre dos neuronas, ya sea por una rápida recaptura a través de neurotransportadores dependientes de sodio y cloro o por degradación enzimática, generan, en consecuencia, una disminución de los efectos comentados (Matos y Manzano, 2021) (Sequeira y Fornaguera, 2009).

¿Qué son y cómo actúan los antidepresivos?

ALos antidepresivos son fármacos utilizados para tratar trastornos del ánimo, especialmente la depresión y la ansiedad, estos modifican la acción de los neurotransmisores en el cerebro, que son las sustancias que permiten la comunicación entre las células nerviosas. Los principales medicamentos antidepresivos se especializan en modificar los niveles de serotonina, dopamina y noradrenalina, neurotransmisores implicados en la depresión y ansiedad (Kovich et al., 2023).

Los antidepresivos se pueden clasificar en diversas categorías según sus mecanismos de acción y estructuras químicas. Esta clasificación no solo permite entender sus efectos terapéuticos, sino también sus posibles efectos secundarios. Hasta ahora, no se ha identificado un antidepresivo ideal que funcione de manera uniforme en todas las personas, ya que su efectividad y tolerancia dependen de múltiples factores, como la genética del paciente, el tipo y gravedad de la depresión o ansiedad, la presencia de otras enfermedades, la edad, el sexo y las posibles interacciones con otros medicamentos. Por ello, existen diferentes clases de antidepresivos, lo que permite a los profesionales de la salud elegir el tratamiento más adecuado para cada persona, de forma individualizada (Cipriani et al., 2018).

Los antidepresivos se agrupan en diferentes clases según su mecanismo de acción (Fasipe, 2018), y se representan en la figura 1.

Figura 1. Clasificación de los antidepresivos

1.  Antidepresivos clásicos

Antidepresivos tricíclicos (ATC): estos medicamentos, como la amitriptilina, actúan aumentando los niveles de serotonina y norepinefrina, pero también tienen propiedades anticolinérgicas y antihistamínicas, lo que lleva a diversos efectos secundarios (Watanabe, 2023).
Inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO): estos son los antidepresivos más antiguos
que funcionan al bloquear la enzima monoaminooxidasa, responsable de descomponer
neurotransmisores como la serotonina, norepinefrina y dopamina (Fasipe, 2018).

2. Antidepresivos modernos

Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): la clase más comúnmente prescrita, los ISRS como la fluoxetina actúan aumentando los niveles de serotonina en el cerebro, lo que mejora el estado de ánimo y reduce la ansiedad con menos efectos secundarios en comparación con los ATC (Fasipe, 2018).

Inhibidores de la recaptación de serotonina-norepinefrina (IRSN): estos incluyen la venlafaxina y la duloxetina, que no solo afectan la serotonina, sino también la norepinefrina, otro neurotransmisor que influye en el ánimo, la energía y también son efectivos para el dolor crónico (Watanabe, 2023).

Inhibidores de la recaptación de norepinefrina (IRN): como la reboxetina, estos se enfocan en la norepinefrina sin afectar directamente a la serotonina (Protti et al., 2020).

3. Antidepresivos atípicos

Inhibidores de la recaptación de norepinefrina-dopamina (IRND): el bupropión es un ejemplo notable, que afecta principalmente a la dopamina y a la norepinefrina (Protti et al., 2020).

Antidepresivos melatonérgicos: la agomelatina actúa sobre los receptores de melatonina y tiene un mecanismo único que no involucra principalmente monoaminas (Protti et al., 2020).

Los inconvenientes del uso de antidepresivos

Los antidepresivos son una piedra angular en el tratamiento de la depresión, desafortunadamente también producen efectos secundarios o indeseables, lo que lleva al paciente a abandonar el tratamiento. Por otra parte, los antidepresivos no actúan de manera inmediata. Generalmente, las personas empiezan a notar mejoras en su estado de ánimo y energía después de unas 2 a 4 semanas de tratamiento continuo. Este retraso en la respuesta se debe a la necesidad de que los cambios en los neurotransmisores generen adaptaciones en las conexiones neuronales del cerebro. Es fundamental que las personas no se desmotiven durante este período de espera, ya que el tratamiento toma tiempo para ser efectivo (Cassano, 2004).

Otro aspecto clave a considerar es tomar el medicamento a la dosis indicada (no más, no menos), en el momento correcto (mañana, tarde o noche), y esto último va a depender de la clase del medicamento. Los antidepresivos pueden tener efectos variables sobre la somnolencia, y algunos causan sedación significativa. Los ATC como la amitriptilina y la nortriptilina son bien conocidos por sus propiedades sedantes debido a sus efectos anticolinérgicos y antihistamínicos, que pueden provocar somnolencia y deterioro del desempeño en tareas de pericia y rápido tiempo de reacción (Watanabe, 2023) (Bye et al., 1978). La mirtazapina, un antidepresivo atípico, también se asocia con la sedación y se usa con frecuencia en pacientes con insomnio (Watanabe, 2023).

Los ISRS y los IRSN generalmente no causan somnolencia e incluso reducir el sueño, con la excepción de algunos como el escitalopram que puede tener menos impacto en la arquitectura del sueño (Holshoe, 2009) (Wilson & Argyropoulos, 2004). Los antidepresivos pueden influir en el ritmo circadiano y esto a su vez puede modificar la forma en que el cuerpo absorbe, distribuye y elimina estos medicamentos, afectando su efectividad y sus efectos.

Un estudio demostró que aquellas “personas nocturnas” reportaron una menor eficacia de los ISRS y más síntomas depresivos, lo que sugiere que tomar el medicamento por la mañana podría ser menos efectiva para estas personas (McGlashan et al., 2018).

¿Estos medicamentos generan dependencia?

Los antidepresivos no son adictivos en el sentido tradicional, como lo son las drogas recreativas. A diferencia de las drogas que producen una sensación de euforia, los antidepresivos actúan en un nivel mucho más sutil y su dependencia no se debe a una necesidad física al medicamento, sino a una adaptación del cerebro al medicamento. Sin embargo, algunas personas pueden experimentar síntomas de discontinuación si dejan de tomar el medicamento abruptamente, lo que resalta la importancia de hacerlo bajo la supervisión de un médico (Muench y Hamer, 2010). Otro problema con gran impacto en la salud pública es la depresión resistente al tratamiento, en la cual el paciente con un trastorno depresivo mayor diagnosticado no responde al tratamiento con dos o más antidepresivos (Conway et al., 2017). Esto ha ocasionado el desarrollo de nuevos fármacos, como la ketamina, los inhibidores de la citoquina o la psilocibina, con objetivos terapéuticos innovadores y fuera de lo convencional (Kajumba et al., 2024), que de forma conjunta con otras modalidades terapéuticas (p. ej., la psicoterapia) representan una alternativa prometedora para estos pacientes.

Los antidepresivos no son suficientes, la terapia también importa

Estos medicamentos son solo una parte del tratamiento para la depresión y la ansiedad. Aunque pueden ser mejorar la neurobiología, no abordan las causas subyacentes de la enfermedad, como los factores psicológicos, sociales o familiares. Por esta razón, la terapia psicológica es fundamental. La combinación de medicamentos y psicoterapia ha demostrado ser más eficaz que el tratamiento farmacológico solo (Cuijpers et al., 2016). La psicoterapia ayuda a las personas a cambiar patrones de pensamiento negativos, a mejorar las habilidades para manejar el estrés y a desarrollar estrategias para prevenir futuros episodios de depresión.

 ¿Basta con sólo “poner de tu parte”?

La depresión y la ansiedad son enfermedades que afectan profundamente la calidad de vida de quienes la padecen. Creer que alguien puede salir de la depresión solo con fuerza de voluntad (poniendo de su parte) es no entender realmente lo que implican estas enfermedades, si bien el esfuerzo personal es crucial en el proceso de recuperación, el tratamiento farmacológico y psicológico es necesario. Alentar a las personas a buscar ayuda profesional y confiar en el tratamiento adecuado es un paso fundamental para su bienestar.

Referencias:

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