Aún recuerdo el día en que ella llegó. Los exploradores no podían entender la anatomía de aquella bebé encontrada viva sin ningún tipo de protección. La hallaron porque había estado llorando muy fuerte; al tomarla en brazos, notaron un pequeño césped que apenas crecía. Era la primera vez que veían dos seres vivos fuera de los refugios subterráneos que nos protegían. El oxígeno era escaso y eran insuficientes los recursos naturales que teníamos. La vida como la conocían nuestros abuelos ha cambiado bastante desde que gran parte del Sol desapareció. Han pasado 100 años y las personas han tenido que ser ingeniosas para poder subsistir en estas condiciones. Pocos humanos y animales lograron sobrevivir; se empezaron a construir ciudades y túneles subterráneos, cultivando y haciendo pequeños invernaderos para obtener oxígeno y comida. Se construyeron todo tipo de viviendas, la ganadería se convirtió en una actividad indispensable y la preservación de especies se cuida hasta con el mínimo detalle. La humanidad no pudo hacer nada al respecto sobre la desaparición del Sol. Un hoyo negro apareció cerca y al cabo de poco tiempo, lo absorbió. Lo único que quedo de él, y que los científicos no pudieron determinar el porqué, fue un pequeño núcleo de energía, suficiente para mantener a flote el sistema solar pero no para irradiar luz ni calor. El cambio climático creó grandes catástrofes y la vida en la Tierra empezó a morir. Los científicos lo llamaron “La segunda extinción masiva”, pues la primera había sido la que acabó con los dinosaurios.
Aquella niña, fue como un milagro para la humanidad. En 100 años solo se pudo crear una energía apenas sustituta, que servía para hacer crecer la fauna; sin embargo, tardaba más tiempo de crecimiento y en su mayoría, por defecto, moría.
Teníamos casi todos los recursos, excepto la energía solar. Pero aquella niña, transmitía una energía más parecida a lo que jamás pudimos crear. Con pasar unos minutos a lado de los invernaderos, podía hacer crecer las hierbas, las flores, los vegetales. De su cuerpo emanaba una energía tal, que podíamos hacer funcionar ciertos aparatos eléctricos, crear calor para los animales, evaporar los líquidos para crear ciertas sustancias y tenía varias propiedades positivas que ayudaban a nuestra forma de vida. Como era de esperarse, los científicos no dejaron de estudiarla; sabían que la niña era diferente a un ser humano y no encontraban explicación para varias de sus dudas. Aun así, una científica llamada Natura, se encariñó de ella y la crio como su hija, poniéndole por nombre, Stella. Ella fue una niña amable, cariñosa, e irradiaba luz y alegría a todas las personas a su alrededor. Tenía un cabello rubio y brilloso; unos ojos color miel-amarillo y su tez era cobriza. Algunas personas le tenían miedo, creían que era una criatura que traería desgracia; otros la veían como un accidente genético que resultó de un mal experimento, pero la mayoría, creía que había llegado para salvarnos del fin del mundo.
Yo tenía 3 años cuando la trajeron. Mi primera reacción fue de desagrado, pues parecía que le habían quemado la piel y, al ser apenas una niña, odié la atención que todos le daban, en especial mi tía Natura, quien me cuidó después de la muerte de mis padres por un experimento que salió mal. Nunca consideré a Stella como parte de mi familia y peleábamos mucho cuando niñas, pero al entrar la adolescencia, nuestra relación cambió y nos convertimos en grandes amigas. Siempre nos señalaban por nuestra apariencia, pues algo que teníamos en común es que éramos poco usuales, además de que, en apariencia, parecíamos lo opuesto. Nací siendo albina; mi pelo y piel son de color blanco y mis ojos son de un gris muy claro, casi como espejos. Las dos podíamos entendernos y eso hizo que nuestra relación fuese inseparable. Hacíamos todo juntas y aprendimos todo lo que teníamos que saber de la otra. Sin embargo, había una cosa que ella deseaba con gran ilusión y era el salir de aquellos refugios que la aprisionaban. En cambio, yo me sentía cómoda con la vida que llevaba y no tenía prisa por conocer el exterior.
Al pasar el tiempo, las cosas se volvieron más complicadas. Stella irradiaba demasiado calor y energía a la edad de 15 años. Ya no deseaba ser examinada ni estudiada por nadie; siempre que tenía la oportunidad, se escapaba de los laboratorios y se escondía.
Las autoridades empezaron a explotarla y querían llevarla lejos para que brindara sus propiedades a otros lugares a cambio de bienes. Mucha gente de nuestro refugio se opuso y había una gran resistencia, pues no permitiríamos que la trataran como si fuese un objeto. Cada vez iba perdiendo derechos, libertad y felicidad. Siempre estuve acostumbrada a una Stella risueña, libre, amigable, que siempre daba lo mejor que tenía, pero los problemas empezaron a hacerse presentes y ya no se sentía cómoda viviendo como lo hacíamos. Pasé varios días reflexionando sobre la visión diferente que tenía sobre ella, sobre mi constante preocupación de cuidarla y protegerla, además de que no podía dejar de pensar en ella.
La vida como la tenemos es parecida a como era antes. Había clases para cada año, algunos deportes se empezaron a implementar en nuevos espacios, los lugares subterráneos iban haciéndose más grandes y la tecnología seguía avanzando, aunque más despacio. Todo era escaso, pero tratábamos de administrar las cosas lo mejor que podíamos, además de que la población era pequeña. A pesar de eso, teníamos compañeros que tenían una edad aproximada a la nuestra y aprendíamos y convivíamos juntos. Cuando Stella cumplió 17 años, había adquirido tal belleza que los demás chicos querían salir con ella. Por alguna razón sentía algo de enojo cuando fingían no verme y pasaban de largo. Stella no prestó atención a ninguna insinuación de nadie y me calmaba un poco el saber que prefería mi compañía.
Después de un día de experimentos, se sentó a mi lado y se sinceró conmigo. Me dijo que la energía que tenía, podía sentirla recorrer a través de su cuerpo y pareciese que quería explotar. Stella deseaba escapar y ser libre de aquel lugar que la confinaba. Me dijo que lo único que la detenía era que no quería dejarme sola ni separarse de mí, pues sabía cuánto significa ella en mi vida. Las dos nos queríamos y decidimos crear una vida juntas, fuera del alcance de quienes solo querían explotarla. Ambas nos propusimos a escapar e irnos a refugiar a otro lugar fuera del alcance de las autoridades que nos regían. Era el cumpleaños número 18 de Stella cuando decidimos irnos. Nos dolía dejar a Natura, pero ella entendería las razones por las cuales no podíamos seguir en aquel refugio. Tomamos los trajes especiales que usaban los exploradores para salir y una maleta donde iban las pocas pertenencias que teníamos. Nos escabullimos cuando apagaron las luces, tomamos las llaves de las compuertas que tenía mi tía Natura y subimos varias escaleras hasta llegar a una compuerta que daba al mundo exterior.
Al salir y dar los primeros pasos, la Tierra se sacudió. No entendíamos lo que estaba pasando y fue cuestión de minutos para que personas de los refugios de alrededor empezaran a salir para observar lo que estaba pasando. La neblina que nos envolvía, el cielo grisáceo, la poca visibilidad que podíamos tener, parecía desaparecer alrededor de Stella. Era como si ella fuese una linterna, quien esparcía poco a poco la luz. Del suelo empezaron a salir pequeños retoños, el mar que se encontraba cercano empezó a hacer grandes oleajes, el viento empezó a moverse por todos lados. Nadie entendía lo que estaba sucediendo, pero sin duda, sabíamos quién lo provocaba. De pronto, Stella empezó a absorber los gases que se encontraban en el aire y poco a poco su cuerpo empezó a cambiar y a hacerse ligero, como si la gravedad hubiera dejado de existir para ella. En ese momento, los científicos, exploradores, la gente que había salido con trajes especiales, entre otros, habíamos comprendido lo que ella era. No supimos cómo es que había tomado forma humana ni cómo es que nació en la Tierra, pero sabíamos en lo que se convertiría y así, poco a poco, empezó a subir al cielo. Una vez fuera de la atmosfera, hubo una gran explosión; la luz atravesó las nubes grises, dándonos apenas unos segundos para poder cerrar los ojos quienes observábamos y, al volver a abrirlos, ahí estaba, tan brillante y deslumbrante como siempre lo fue. Sólo había visto el sol en fotos, en pinturas, pero jamás me imaginé que sería tan diferente ver en su mayor esplendor a una estrella. Un nuevo Sol había nacido y con ello, una nueva oportunidad para la Tierra.
Al poco tiempo las plantas empezaron a crecer, el ciclo del agua volvió a establecerse, la gente volvió a habitar la tierra, construir casas, repoblar los lugares. Los animales, fueron reintroducidos en su hábitat y la sociedad volvió a operar como antes, aunque con mayor conciencia ambiental. La tecnología pudo prosperar y la sociedad se reestableció. Los años pasaron y yo me convertí en una gran astrónoma. Stella fue muy importante para mí, pues no sólo fue mi compañía sino también mi luz y mi amor. El día en que se fue, sentí que perdí una parte de mí y la única manera de sentirla cerca, era estudiando Astronomía pues la estaría observando y admirando. Jamás olvidaré las últimas palabras que me dijo antes de transformarse y que permanecerán en mí: – Mi Selena, nunca estarás sola. En el día estaré para alumbrarte, en las noches usaré tus ojos para reflejar luz en la oscuridad y cuando el tiempo lo permita y varias vueltas se hayan dado, seremos una misma, de vez en cuando.

